Si uno entra en la página que la marca de chocolates Milka tiene en Facebook y es un poco sensible, se pone tierno. Se le aflojan los Huesitos, si se me permite un chiste fácil que quien no entienda lo hará enseguida. Al menos eso es lo que buscan los gestores de la marca con sus fotografías y vídeos en los que niños, padres, parejas o amigos aparecen en escenas de la vida cotidiana que nos recuerdan lo estupendo del género humano.
Las grandes marcas, no solo Milka, han apostado por la pureza y el buen rollo como si a los destinatarios del mensaje publicitario nos faltara alguna neurona. Las televisiones se llenan de anuncios carísimos que cuentan historias en las que personas con un corazón que no les cabe en el pecho levantan con su esfuerzo y alegría de vivir un mundo ejemplar. Por supuesto, el que paga el anuncio está siempre detrás de esas grandes y virtuosas voluntades.
En fin, gente que sabe más que yo ha decidido que eso funciona, así que quizá lo haga. Lo que pasa es que, de vez en cuando, la verdadera cara de los anunciantes aparece sin antifaz y hasta los tontos nos damos cuenta de que todo es comunicación de poca monta. Y ahora me explico.
Los chocolates Milka, como los famosos Huesitos, pertenecen al mismo amo, la multinacional Mondelez International (antes Kraft Foods). Un amo que nos pone tiernos cuando nos quiere vender su chocolatada pero al que no le ablanda el miocardio la posibilidad de que un pueblo entero desaparezca prácticamente del mapa cuando su decisión de cerrar la fábrica en la que trabajan la mayoría de los vecinos sea ejecutada.
Se trata de Ateca, una población zaragozana, pegada a Calatayud, que desde 1862 alberga una conocida fábrica de chocolates que Mondelez International compró recientemente. Tiene unos 2000 habitantes que dependen casi exclusivamente de los 107 puestos de trabajo que van a desaparecer. Quien quiera seguir sus vicisitudes puede hacerlo a través de este enlace.
¿Tenía problemas, perdía dinero? Parece ser que no. ¿Se había negado la plantilla a revisar las condiciones de trabajo como se ha hecho en cientos de empresas? Parece ser que ni se le ha dado esa opción. Simplemente es más barato producir en Polonia y el tierno amo de Mondelez/Milka/Halls/Oreo/Philadelphia y otras no ha podido evitar que asomara su colmillo depredador mientras difunde vídeos con abuelos que tocan el acordeón por un mundo mejor. Deslocalización, lo llaman.
A mi modo de ver estamos ante una operación de manual: compro una empresa con una marca apreciada por el público y consolidada en el mercado (en este caso, Huesitos) y después vendo/cierro todo menos la marca, que es lo que vale y a lo que le voy a sacar una pasta gansa. Pero esto solo es la hipótesis de un tonto al que los anuncios de chocolate hace mucho tiempo que no le ponen tierno.
Si detrás de este movimiento empresarial hubiera seres humanos, podríamos intentar poner a prueba su ternura explicándoles que el cacao es muy posible que entrara en Europa a través del Monasterio de Piedra y que, por lo tanto, el chocolate tiene en esta zona una de sus grandes raíces históricas. Que, en consecuencia, no es casualidad que Ateca cuente con una larga tradición chocolatera. Que, como resultado de lo anterior, la población del lugar está culturalmente vinculada a este producto y lo lleva en su ADN. Que…
Perdón, acabo de darme cuenta de que así no se pone a prueba la ternura de nadie, sino la inteligencia. ¿Existe un lugar mejor para hacer buen chocolate? ¿Podrá encontrarse más conocimiento, implicación y voluntad por el trabajo bien hecho en sitio alguno? ¿Alguien podrá facilitar mejores argumentos de márquetin a los vendedores del producto que quienes lo alojan en su sistema circulatorio?
Quien quiera contarnos historias bonitas y ponernos tiernos, por favor, que acuda al origen, al espacio donde se arremolinan las emociones desde hace siglos, al único de donde pueden salir mensajes creíbles que hagan del consumo de chocolate una experiencia emotiva y no una manufactura mal pagada como serán, probablemente, los Huesitos de Polonia.




