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Huesca Alimentaria, el valor de la microeconomía

Se reúnen al menos una vez al año para conjurar sus males, alimentar sus proyectos y lanzar el mensaje alimentario y rural de quienes todavía creen que lo pequeño vale y mucho. Por cierto, en cada evento se les ve más fuertes, más unidos, más contentos y más acompañados. Debe ser la microeconomía, que rinde poco, pero da mucha vida.

Hace unos días la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) presentaba su informe económico correspondiente a 2025 y concluía, entre otras cosas, que es necesario que las empresas ganen dimensión. No es nada nuevo, la atomización de la industria española en general y de la alimentaria en particular es una característica de nuestra estructura económica.

Las llamadas a la concentración para ganar competitividad se suceden desde hace tiempo, tanto por parte de las organizaciones empresariales como de los gobiernos, las universidades y diferentes centros de estudio e investigación. No seré yo quien lo discuta, pues entiendo, además, las razones macroeconómicas que hay detrás, que tienen, por su puesto, mucho peso.

Pero he estado recientemente en la jornada anual que organiza Huesca Alimentaria, con su charla de motivación, sus premios, sus anuncios, la estupenda degustación de sus productos y esos pasicos de ratón que da año a año, con ayuda de casi nadie hacia la consolidación de un proyecto que suena y pinta muy estupendamente.

Los pequeños empresarios oscenses de la alimentación han sabido unirse y llevarse bien, trabajar desinteresadamente por el conjunto y pensar con ambición, aunque sea a largo plazo, porque sus posibilidades reales de avanzar tienen las patas más cortas que sus sueños, como es natural entre quienes conciben ideas de progreso.

No están en la asociación todos los que son, y se echan en falta a algunas marcas emblemáticas cuya mera presencia, no digamos ya participación, sería una buena palanca para esas ideas; pero hay entre el medio centenar largo de socios mucha profesionalidad y productos de gran calidad. Merecedores, sin ninguna duda, de más apoyo institucional y privado del que reciben, a juzgar por los logotipos que se ven en sus materiales publicitarios.

Eso, si solo valoramos su actividad productiva. Otra cosa es que, como a ellos les gusta recordar, pongamos sobre la balanza su acción vertebradora del territorio, con lo que el salto de cotización, dicho en términos bursátiles, es espectacular.

Y aquí es donde vienen las dudas sobre el interés real de las teorías macroeconómicas en determinados contextos, como puede ser el de la provincia de Huesca. ¿Qué aportaría una empresa equivalente en dimensión a Huesca Alimentaria o, yendo más allá, a la mayor parte de la industria del sector?

¿Economías de escala?, por supuesto. ¿Competitividad internacional?, sin duda. ¿Mayor PIB?, malo sería que no fuera así. Pero también menos empleo, menos población, peor reparto de la riqueza, probablemente pérdida de identidad, quizá de calidad, sin duda de diversidad… y muchos menos soñadores esparcidos por todos y cada uno de los rincones de todas y cada una de las comarcas. ¡Con la falta que nos hacen ahí donde están!

Estos pequeños empresarios de Huesca Alimentaria trabajan como animales, sufren la centrípeta organización de la economía que promueven las ciudades y quienes en ellas ocupan los despachos de las instituciones, bregan contra la dispersión y la soledad y sus cuentas corrientes seguro que no van sobradas de ceros a la derecha. ¿Pero serían más felices en una cadena de envasado? Lo dudo.

Por eso se reúnen al menos una vez al año para conjurar sus males, alimentar sus proyectos y lanzar el mensaje alimentario y rural de quienes todavía creen que lo pequeño vale y mucho. Por cierto, en cada evento se les ve más fuertes, más unidos, más contentos y más acompañados. Debe ser la microeconomía, que rinde poco, pero da mucha vida.

Es posible que nuestros prebostes sigan pasándoles el brazo por el hombro de vez en cuando para hacerse la foto con ellos y luego manden la pólvora al espacio macro, donde las fotos llenan portadas, pero todos los demás, que comemos a diario, podemos hacer bastante por ese firmamento de microempresas que sostienen con hercúleo empeño los macroterritorios. Aquí una sugerencia.

Etiquetas Periodismo agroalimentario
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