No, no vamos a hablar de San Valero ni de Lorenzo, el de la parrilla. Tampoco de ningún otro santo de los que dan nombre a las cooperativas del completo Aragón o sirven de excusa para organizar ferias y vaquillas o sacar los cabezudos por las calles mayores. Hoy (y todos los días para los que firmamos en Gastro Aragón) nuestro patrón es Urtasun. Ese que por tener un nombre y un primer apellido tan comunes, es reconocido en todas partes por el rastro genealógico de su madre.
Y por algo más, por supuesto, pues Urtasun lo tiene todo para no pasar desapercibido y para no ser ignorado en un mundo, el del periodismo gastronómico, que le ha dado premios y repremios; el último, otorgado por la Academia Aragonesa de Gastronomía, que ha tenido a bien reconocerlo con el mejor de sus homenajes: el premio Antonio Beltrán Martínez.
Así que una suave tarde de febrero, en el espectacular Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, los académicos decidieron que ese día fuera el de nuestro patrón, el amo de ese tinglado que se llama Gastro Aragón, que como él sabe, porque alguna vez le he dado mi opinión, si se editara en Madrid sería uno de los principales medios gastronómicos de las Españas.
Y él, con el mismo torpe aliño indumentario del poeta, su boli bic de viejo periodista en ristre y esa libreta de poli americano de los años 40, sería uno de los iconos del madrileño (y por tanto, nacional) yantar.

Pero entonces, probablemente, no sería nuestro patrón; ese tipo que es editor porque no tiene otro remedio, que se lo sabe todo de lo que denomina “comidicas”, que en el oficio de escribidor ha pasado por grandes momentos y canutas lides con otros patrones, pues él también los ha tenido, y que se expresa como un perfecto somarda cuando habla, por ejemplo, de los influencers.
Su trayectoria, solo un pelín más larga que la mía, que en esto de medírsela uno también tiene su prurito, empezó en el mismo sitio: el periódico El Día de Aragón. Allí nos hicieron periodistas a ambos; él era un aprendiz de físico en busca de un lugar en el mundo; servidor…, eso, periodista en bianza (palabra que probablemente solo manejamos los que hemos criado gallinas).
He tenido tiempo, por tanto, para admirar por mi cuenta la trayectoria que la academia ha premiado, e incluso para compartir alguna batallica de las de por aquí con el ínclito Urtasun. De esas que hacen que Gastro Aragón sea un tanto épico y un tanto lírico vástago del periodismo especializado, aunque el patrón dice que él se limita a informar, formar y entretener.
Será por lo uno o por lo otro o por todo a la vez que su revista no ha perdido fuelle, cuando tanto papel ha desaparecido o trocado su vieja altivez en un magro deambular por la incierta Galaxia Gutenberg.
Es un honor firmar en ella, patrón, pero ya que no concibes el oficio de periodista gastronómico sin meter las manos en la cocina, mira a ver si te guisas algo y convidas.
Enhorabuena.




