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Félix Báguena, ‘in memoriam’

No había sitio en su cabeza ni tiempo en sus días para pensar en la debilidad que se apoderaba de su cuerpo, a vista de todos, pero no de su brío viticultor, su vehemencia sindical o su espíritu de lucha.

Félix Báguena mantenía una relación de desdén con la enfermedad que le cercaba desde hacía varios años. Cumplía con las prescripciones médicas acudiendo puntualmente, por ejemplo, a sus largas sesiones de diálisis, pero después, con cerca de ochenta años, seguía con su rutina, fuera invierno o verano, de presentarse en la viña para quitar unas hierbas o vigilar de cerca la esporga.

Tampoco faltaba a las asambleas de su cooperativa ni al vermú de San Isidro o de cualquier domingo que se le antojara. No había sitio en su cabeza ni tiempo en sus días para pensar en  la debilidad que se apoderaba de su cuerpo, a vista de todos, pero no de su brío viticultor, su vehemencia sindical o su espíritu de lucha.

Estos eran los parámetros de su personalidad y los que marcaron su vida agraria, sindical, cooperativista e institucional. También la personal, porque era difícil verlo separar la una de la otra, que fluyeron paralelas e interconectadas hasta el final. Su familia y sus amigos lo saben bien, porque ni queriendo hubieran podido dejar de involucrarse en las metas que Félix se marcaba. Que no fueron pocas.

La primera de ellas, en los albores de la Transición, fue crear un sindicato que defendiera, por la vía de la democracia y la reivindicación, los derechos y la dignidad de los agricultores. Y por eso fue uno de los históricos forjadores de la UAGA aragonesa y la COAG nacional.

Se mantuvo en ambas durante lustros como el referente indiscutible e indispensable del sector del vino. Y es que su gran compromiso, su matrimonio indisoluble, además del que mantenía con Rosa, su mujer y choferesa, como diría Don Camilo, eran los viticultores de su tierra y, por extensión, de todo el mundo.

Esto le convirtió, asimismo, en la voz de los productores de vino en la Unión Europea, pues llegó a representar a todos sus colegas de profesión en el COPA-Cogeca y a presidir el Comité Consultivo del Vino. Su entrega internacional le valió en Francia, país vitivinícola por excelencia, la medalla de oro de la Confederación de Cooperativas del Vino (2020).

El cooperativismo fue otra de sus pasiones. Y de sus obligaciones conscientes, porque sabía perfectamente que solo a través de la cooperación los pequeños y medianos agricultores a los que representaba podrían obtener alguna posición de fortaleza en el mercado. De ahí que peleara lo indecible por situar a su cooperativa, Bodegas San Valero, en la mejor posición posible.

Lo hizo como socio y también a través de la presidencia que ostentó durante una década, en la que pudo configurar un negocio próspero, pero que sabía amenazado. Por esto último intentó la gran fusión con otro grupo cooperativo para consolidar una sociedad comercializadora potente, pero menos votos que dedos tiene una mano lo impidieron. Esta es la gran amargura profesional que se ha llevado a donde Ganímedes lo acompañe.

Lo demás han sido éxitos irrefutables que la Medalla al Mérito Agrario (2002) o el nombramiento de hijo predilecto (2022) en su ciudad natal, Cariñena, han consagrado, entre otros honores.

El consejo regulador de la denominación de origen al que da nombre, precisamente, Cariñena, ha recordado estos días, su “estrecha y decisiva” vinculación con este órgano, del que formó parte en distintas etapas y presidió también entre 1992 y 2000. Periodo “clave”, dice, “para la consolidación, modernización y proyección exterior de la denominación”. Bajo su liderazgo, añade la nota oficial, “se reforzó el posicionamiento de los vinos de Cariñena en los mercados y se sentaron bases fundamentales para su reconocimiento actual”.

En el anecdotario quedará su paso por la Dirección General de Fomento Agroalimentario del Gobierno de Aragón, imposible de compatibilizar, como siempre había hecho, con la labranza, la vendimia y la poda de sus viñas. Esas a las que acudía casi a diario, cuando no se citaba con esa chica llamada diálisis y que lo cortejó durante siete años.

En el acto de despedida, un viejo compañero de batallas se preguntaba qué hubiera hecho Félix, si hubiera estado en condiciones, en el convulso mundo del vino actual. La respuesta la conoce muchísima gente: hubiera encontrado una solución. Porque si algo caracterizaba a Félix Báguena era su inteligencia, su visión prospectiva y su perseverancia.

Etiquetas Periodismo agroalimentario
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