Desde que el viejo Teofrasto empezó a estructurar el conocimiento agrario en la Grecia aristotélica han sido muchas las aportaciones que la ciencia y la práctica han hecho a los agricultores y ganaderos hasta llegar a nuestros días. Un presente caracterizado por un constante vuelco de información y conocimiento que a la hora de la verdad es imposible procesar.
Desde las universidades, las empresas, los distintos ámbitos administrativos, medios de comunicación, organizaciones profesionales, redes sociales y el clásico boca-oreja llegan informes, eventos divulgativos, reportajes, dictámenes, opiniones y hasta inútiles consejas que se aferran a los cambios de época como irreductibles garrapatas.
Con todo, la tendencia a la economía intelectual, las directrices políticas y, especialmente, los intereses comerciales y los político-sindicales (también estos, sí) se las suelen apañar para reducir el horizonte agrario a unos cuantos lugares comunes cada vez más asfixiantes para los profesionales del campo.
Hay asfixia económica, como nos recuerdan a diario sus representantes, pero también social, ambiental y, la peor de todas, emocional. Francia es un claro ejemplo: su musculada agricultura contrasta con la fragilidad de sus agricultores.
En las líneas que siguen no encontrará nadie una solución a todo esto e incluso algunas ideas parecerán redundar en lo que se enjuicia e incluso censura, pero hay una cierta disrupción que acaso pudiera funcionar según y cómo y no pasa nada por distraer la atención un rato hacia aquello en lo que no siempre se piensa.

Agricultor: casi nadie te dirá esto, pero por qué no probar
- A bajarte del tractor. Ya sabemos que auparte a él es lo que te gusta y que te han hecho pensar que tu trabajo está en la tierra o con el ganado, pero la agricultura que viene va a ser mucho de escritorio. De instruirse, recoger datos, valorar y, después, actuar. Las máquinas andarán solas, pero las decisiones seguirán siendo tuyas y para tomarlas necesitarás más la cabeza que las manos.
- A asociarte con la burocracia. La milonga de la simplificación te crea expectativas que no se van a cumplir. Quizá la tecnología alivie algo el papeleo, pero agricultura y burocracia van unidas desde que se inventó la escritura hace unos 5000 años, precisamente, para controlar la alimentación de la gente, no para escribir novelas, que esas alrededor de una hoguera eran más impresionantes. La burocracia no la parará ni una guerra nuclear; antes de que Cristo pisara oliveras ya se había encargado Confucio, entre otros, de engrasarla para siempre. Como también nos han enseñado desde Oriente, intenta usar su “energía” o las pocas virtudes que pueda tener a tu favor.
- A desconectarte de las redes sociales. Sí, son entretenidas; a veces, incluso instructivas; y casi siempre sirven para aligerar la mala leche. Pero la inversión de tiempo que exigen no tiene apenas retorno productivo (por cierto, igual un día los centros de datos donde se nutren te dejan sin agua para regar o abrevar). Tu escaso tiempo de escritorio te obliga a seleccionar mucho dónde pones la atención; una pista: usa los catálogos comerciales lo justo y ten en cuenta que en esta categoría no solo entran los folletos del concesionario; no pocos medios de comunicación, jornadas técnicas y divulgadores varios son meros instrumentos mercantiles. Lee un poco a los clásicos; casi todo lo sabrás, pero algunos principios básicos de la agricultura, por lo que sea, se han difuminado por el camino. Y elige bien a los sabios modernos, que no siempre están en primera línea de Facebook. Recuerda que hay mucha información circulando y poco tiempo para atenderla.
- A ir más al teatro. Al cine, a museos y exposiciones… El arte refleja como pocas cosas a la sociedad de cada época. Y si piensas que no entiendes muy bien a la que te ha tocado en suerte, te servirá para conectar mejor con ella y sentirte más integrado y menos desprotegido. La ventaja de los eventos culturales (salvo el cine, que se hizo mayor gracias a la propaganda), es que los poderosos y los manipuladores apenas han puesto sus manos en ellos; prefieren (no sin razón) dominar los medios de comunicación, pero gracias a esto las percepciones que nos llegan a través del arte son más puras y sanas. Hora y media de danza clásica puede ser más inspiradora que una semana labrando de sol a sol. Casi seguro que eres agricultor porque lo fueron tu padre y tu abuelo, y aunque estás enamorado de tu profesión, has intentado por todos los medios que tu hijo no siga tus pasos; puede que haya una revelación que no te ha llegado y a lo mejor está alojada en un cuadro de Van Gogh. Y si no, lo que sí verás es belleza y buen gusto, que no hacen mal a nadie y pueden sobrecogerte (en el buen sentido de la palabra).




