La Asociación de Periodistas Agroalimentarios de España (APAE) ha entregado en Fruit Attraction, como viene siendo habitual, sus premios anuales de periodismo. Una convocatoria joven, de apenas 16 años, pero necesaria y ya consolidada en el calendario agroalimentario de nuestro país gracias a la visión, primero, de los propios periodistas y, después, de importantes agentes del sector cada día más conscientes y comprometidos con esta vieja profesión de servicio a la sociedad.
Son cuatro premios en sendas categorías y este año han quedado significativamente repartidos: dos para periodistas agroalimentarios y dos para profesionales de medios generalistas. Lo que viene a decir, contrariamente a lo que muchas veces se afirma, que la agricultura (porque de agricultura van) interesa a los medios que no son del sector. No son pocos los que tienen un ojo puesto en este, aunque la política, el fútbol y algunas otras materias parezcan eclipsar todo lo demás.

Un ejemplo admirable es el de Radio Periférica, el espacio de A vivir que son dos días (Cadena SER) en el que un agricultor, una ganadera y un pescador explican con mucha claridad y una pasión agro que no está reñida con el argumento razonado y la reivindicación razonable cómo es el día a día de sus compañeros de faena y fortuna.
La manera en que estos ‘agricultores’ se acercan y se explican ante la sociedad a la que pertenecen es sin ninguna duda merecedora de la gran audiencia del programa en el que participan. Y el propio espacio amerita por su parte un reconocimiento por parte del sector que ignoro si le ha llegado ya, pero por el que sin duda hay que abogar.
Pero, volviendo a los premiados, Ángeles Lucas (El País) y Adrián del Pozo (Cadena SER) vienen a demostrar que la información agraria no es tan árida, hiperespecializada e incomprensible como muchas veces esgrimimos para justificar el escaso seguimiento que aparenta tener. La agricultura, la ganadería y la producción de alimentos, que desde Cicerón (y antes) consideramos de gran belleza, dignidad y nobleza, tiene grandes historias escondidas más allá de la PAC, las zoonosis y la química del vino que a los periodistas agro se nos escapan y los del mundo exterior captan a la primera. Historias que interesan a la gente y que, en línea con lo que expresaba en esta entrada sobre el entendimiento entre elmedio rural y el urbano, son una parte del entramado que debe unir a ambos mundos.
Por otro lado, Rubén Villanueva (Ganadería) y Marga López (eComercio Agrario) demuestran el gran valor que tiene para cualquier sector productivo la existencia de un periodismo bien enterado de lo que ocurre en él. Ese periodismo que, además de saber, analiza, que anticipa acontecimientos e incluso cambios culturales, que ofrece pistas de negocio y que con su seguimiento del día a día contribuye a que nadie se quede atrás… salvo que esa sea su opción.

Villanueva es, además, un maestro del periodismo y de la comunicación moderna. Maneja el anzuelo de las primeras líneas con una destreza que no debería pasar desapercibida en las aulas del gremio. Después, arma un discurso perfecto, una narración sin fisuras ni saltos desconcertantes. Y ha hibridado la metáfora tecnológica con la tradicional de tal manera que sus textos sobre nuevas tecnologías, como el premiado, pueden leerse con el mismo interés en la borda más alejada del Pirineo y en cualquier despacho ministerial.
Tanto él como López y varios otros periodistas agroalimentarios son plumas imprescindibles del sector que, además de premiarse, deberían cultivarse. Sobre todo, para hacer periodismo de verdad.




